Siempre me resulta emocionante el comienzo de un relato o escrito. Es como adentrarte en una laberíntica selva a la caza de una idea; luchas con tesón, aún sabiendo que las armas que dispones son tan rudimentarias que casi siempre acaba comiéndote la fiera, pero el duelo merece la pena.
El tema escogido está aún por desentrañar, y esto me da pie a comenzarlo cómo quiera: un buen sistema es comer antes que nada, pero en sentido literario. Así que allá voy con la primera conjugación del indicativo de tiempos simples: Presente del verbo comer.
Yo como, tú comes, él come, nosotros comemos, vosotros coméis y ellos comen. Bueno, y una vez alimentados, nada me impide comenzar la aventura.
Estoy triste y, aunque parezca absurdo, la culpa es de una Rosa. Contemplo resignada cómo se muere atrapada en un baso de agua, y maldigo la hora en que la arranqué de su tallo. Veo caer sobre la mesilla sus rojos pétalos cómo inocentes gotas de sangre, y mi malestar se acrecienta.
Tomo una resolución, deshacerme de ella ¿pero cómo? a la basura desde luego que no, entre las páginas de un libro menos aún, seria cómo tener presente el cuerpo del delito. ¿Pues qué hago?
¡Uy! Se me ha hecho tardísimo y mis amigas están a punto de llegar. Hoy las sorprenderé con un té, muy, pero que muy especial…
Lola Fonta
Redistopía
Hace 8 años
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