Mi calle huele a palomitas de maíz, a trigo tostado, a niño recién nacido y a tabaco negro quemao.
Mi pueblo sabe a campo añejo, y a aceitunas recién machacadas. En las tardes de verano el paisaje se adormece, tornándose lánguido y sudoroso. Sin embargo, las mañanas son deliciosos bebedizos que tomo a trago largo, embriagándome con su aroma hasta el ensimismamiento. Sensaciones que permanecen indelebles; libres de lugar y tiempo.
Existen efluvios imposible de explicar, cómo definir el olor a hierba cortada, o, a tierra mojada, no existe adjetivo capaz de expresarlo, como diría Garcia Marquez, para explicar lo inexplicable. Es, lo que moja al agua…
Loly Fonta
Redistopía
Hace 8 años
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