He pasado mi tiempo buscando métodos, interpretando situaciones, justificando lo indefendible. Todo ello para convencerme de que vivir merecía la pena. Era tal mi afán, que estaba ciega a todo aquello que no se correspondiese con mis deseos. Pero aquí viene lo más importante: ¿me ha servido para algo? ¿Soy más feliz?: No.
Sufro de una incoherencia crónica, me comporto más cómo debo que como quiero. Hay que demostrarle al mundo que has descubierto el arte de vivir, que puedes iniciar el descenso sin haber sufrido la escalada. Estaba tan atareada tejiendo las pequeñeces diarias que olvidé al gigante, al que ni David con su honda hubiese podido dar muerte; a la naturaleza devastadora.
Iba yo por la acera, meditabunda cómo siempre, ensayando lo que sería mi jornada, cuando se desencadeno un fuerte vendaval que arranco de raíz un macetero de lindos geranios dándome de lleno en la cabeza. Fue una muerte instantánea y florida. Mis más allegados lo comentaban:
…ha muerto muy joven, pero qué muerte más bonita ha tenido…
Lola fonta
Redistopía
Hace 8 años
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