viernes, 21 de diciembre de 2007

Miedos

Presa de miedos nocturnos
Libre en azules amaneceres
Murciélago en noches oscuras
Mariposa sobre ramas verdes.

Prisionera voluntaria
Miedos con nombres propios
Carrusel de ideas locas
Chistera de conejos bobos.

He cruzado ya la línea
Frontera de la locura
Donde lobos me devoran
Voluntad tan quebradiza.

En el ring sobre las cuerdas
Atrapada en tela de araña
En laberinto de cobaya
En anocheceres sin alba.

Ser mariposa y morir
Exuberante de hermosura
Inocente y confiada
Ignorante de que muere
Enamorada de la vida.

Lola Fonta

domingo, 9 de diciembre de 2007

Mal de amores

¡Oh! don Juan, don Juan,
doctor tan eminente,
presiento que estoy enferma
desde los pies hasta la frente.

¡Oh! querida doña Inés
vuestras ojeras os delatan,
y esa artrosis tan ladina
que os hace ir a gatas.

Lo vuestro es mal de amores
pero amores de los buenos,
ya que siendo yo el amado
no podía ser, para menos.

¡Oh! don Juan, don Juan,
ya que sois tan caballero,
quitarme este mal de amores
al instante os lo ruego.

Mi querida y amada señora,
sus palabras me arrebatan,
pero antes de que sea tarde
la acompaño al siquiatra.

¿Luego pensáis que estoy loca
por sostener que os amo?
pues no se hizo tal bocado
para la boca del asno.

Asevero noble señora,
que me ofendéis de boquilla,
que no me importa ser burro
si usted fuese borriquilla.

Callad, callad don Juan,
caudal de palabras
y manos inquietas,
dejad los manos
y pasarme las recetas…

sábado, 8 de diciembre de 2007

Mutación

Debió de ser un gen caprichoso el causante de la mutación que sufrí en la estructura de mi anatomía porque nací "alada". Pasado el lógico estupor del primer momento me aceptaron amorosamente.

El hecho de ser diferente no pareció importarles demasiado, razón de mi alegría, hasta el momento que descubrí con pavor que las ventanas estaban selladas.

A partir de entonces, mi ilusión cayó en picado como el águila cae sobre su presa. Me quedaba absorta contemplando el horizonte, como la meta que jamás alcanzaría, ya no haría realidad el sueño de interrumpir con mi vuelo el beso eterno del cielo con la tierra, ni descubrir el mundo coronando una cima. En un acto desesperado arranqué de cuajo mis alas, quedando maltrecha, llorando sobre un lecho de plumas.

Les conté a todos mis anhelos, pero no entendieron nada; lo sé porque, al día siguiente, me llevaron el horizonte a la puerta de casa...