jueves, 6 de marzo de 2008

La casa donde nací

Aparecí en el hogar
bien plantado en un cortijo
rodeado de olivares,
amapolas, mijo y lirios.

Pasaba el guadialquivir
muy cerca de donde estaba
y con gusto lo miraba
apoyada en su baranda.


El río se divertía
retozando con la luna
y en cuanto el sol se ocultaba
y la luz era ya escasa
con la luna se besaba
a la puerta de mi casa.

En la entrada había una parra
y en su tronco un columpio
donde nos mecía mi madre
a la sombra de sus frutos.

Tenia los ojos azules
de tanto mirar al cielo,
siempre vi tantas estrellas
tapizando el universo…

Andaba allí el mayoral,
su galanura tororera
guiando alas reses bravas
desde el río hasta la vega.

Me sobraban los espejos,
me bastaba con el agua
desdibujando mi imagen
deformándola a mi antojo,
perdiéndola si quería
nada más que con un soplo.


De pronto el sol se marchó
del cortijo a otra parte
llevándose egoísta, su luz,
vistiendo de luto el aire.

Ya la luna se ocultó
sobre el río no hay baranda
ni tengo los ojos azules
ni me columpio en la parra
de todo queda una gota
resbalando por mi cara.

El horizonte, la meta,
mi esperanza la alcanzaba
tras la aventura, el misterio,
ante lo sabido, nada:
recuerdos magnificados
y alegrías inventadas…

L. Fonta

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